Basado en las enseñanzas de la Escuela de Santidad que se imparte en la Iglesia de las Calatravas, y especialmente de las reflexiones de San Juan Pablo II, vivir el ayuno no es simplemente un acto de privación externa, sino un ejercicio profundo de libertad espiritual y caridad.
Aquí tienes una guía sobre cómo vivir el ayuno según estos principios:
Una guía para la primavera del espíritu
El ayuno es mucho más que abstenerse de comida; es un “deporte” del espíritu diseñado para entrenar la voluntad y purificar el corazón. Para vivirlo con autenticidad, se deben seguir estos pilares fundamentales:
1. Entenderlo como una renuncia al “yo”
Vivir el ayuno implica aprender a decir un “no” tajante a lo que el orgullo y el egoísmo sugieren. No se trata solo de hambre física, sino de:
- Renunciar a caprichos: Abandonar aspiraciones malsanas y deseos ilícitos.
- Dominar los instintos: Poner límites incluso a deseos que pueden ser buenos, con el fin de adquirir pleno dominio de uno mismo.
- Combatir la naturaleza herida: Preferir lo que es trabajoso o da menos gusto sobre lo cómodo y sabroso, para no ser esclavos de los propios apetitos.
2. Buscar la “sustancia” sobre el “sabor”
El ayuno debe llevarte a una simplificación interior. Al vaciarte de tus propios gustos y apegos, permites que el alma se llene de Dios.
- Enfoque en lo importante: Se debe vivir como un enfermo que, perdiendo el apetito por los manjares, solo tiene presente el deseo de su salud espiritual.
- Disciplina de los sentidos: Incluye la pureza de la mirada, el silencio y la disciplina de la imaginación.
3. Transformarlo en un acto de caridad
Un ayuno que se queda en uno mismo es incompleto. Para que sea verdadera penitencia y conversión, debe tener una dimensión externa:
- Subvenir la necesidad del hermano: Privarse de algo propio para dárselo a quien lo necesita.
- Ejercicio de bondad: Convertir la renuncia personal en un gesto activo de amor y caridad hacia el prójimo.
4. Vivirlo con alegría y discreción
Lejos de ser una carga pesada, el ayuno vivido por amor produce efectos transformadores:
- Pureza de intención: Es preferible una obra pequeña hecha en secreto, sin que nadie lo sepa, que grandes sacrificios hechos para ser vistos.
- Fruto de gozo: Quien vence sus apetitos descansa, ve con claridad y experimenta una alegría verdadera, profunda y desbordante.
“El ayuno es un entrenamiento insustituible para salir victoriosos en las competiciones del espíritu”.







