Padre Tomás Morales sentado junto al río dando dirección espiritual a un militante

Padre Tomás Morales, maestro de oración

No es fácil catalogar la oración del padre Tomás Morales su oración. Él era muy de los jesuitas, con una espiritualidad profundamente ignaciana. También impulsó mucho el apostolado de los laicos. En España fue pionero en este tema, con libros como Forja de Hombres y Hora de los Laicos.

Fue un hombre que trabajó intensamente en la pastoral universitaria y laboral, especialmente con el Hogar del Empleado. Estuvo muy comprometido en estos dos ámbitos.

Cómo unía una profunda vida de oración con una intensa actividad.

Institutos Seculares

Esta gran familia de los Institutos Seculares tiene la peculiaridad de unir la vida consagrada con la secularidad. Es decir, son totalmente consagrados en el mundo, con los votos de castidad, pobreza y obediencia. Pero lo viven en el contexto de la secularidad, no del secularismo; en el corazón del mundo, no en la mundanidad.

Se aprende a orar orando.

Jesuita y director de Ejercicios Espirituales

Los jesuitas llevan siglos viviendo la dimensión del discernimiento espiritual, y son maestros en este aspecto.

Donde hay fecundidad tiene que haber unión con Cristo.

El padre Morales también sufrió, como les ocurre a todos los fundadores y fundadoras. Pero continuó con su gran misión apostólica, para realizar los anhelos que Dios puso en su corazón. Su oración era profundamente eucarística, de conocimiento interno de Jesús, y estaba marcada por un amor apasionado a la Inmaculada, la Virgen María.

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¿Cómo oraba el padre Morales?

Oraba enamorado de Jesucristo vivo en la Eucaristía. Enseñaba a los jóvenes a orar con la naturaleza, en los inolvidables campamentos de Gredos, donde uno se fundía con la creación y con Dios, su Creador. Transmitía una pasión por reconciliarse con la creación, como recuerda el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti.

El hombre es creado para alabar, reverenciar y servir a Dios.

Ese conocimiento interno de Jesús, para amarle más y seguirle más, lo transmitía con su forma de orar, de vivir el silencio y de impartir tandas de Ejercicios Espirituales. Porque el silencio es el lenguaje de Dios, el lenguaje de los enamorados.

Profundamente mariano

El padre Morales tenía una pasión inmensa por la Virgen. Quienes cultivan una profunda oración mariana suelen amar intensamente a Jesús y a la Eucaristía. De él aprendemos la pasión por la Santa Misa y por comulgar lo más posible, por amor a Cristo.

Se veía que era un hombre apasionado por la Virgen, a quien veneraba como Madre de Dios y como la Inmaculada. Las famosas Vigilias de la Inmaculada en Madrid, celebradas cada año la noche del 7 de diciembre, son fruto de esta devoción.

Transmitía también las Campañas de la Visitación durante el verano, en las que cada año se intentaba vivir tres puntos cruciales:

  • Dejar lo mejor para los demás, eligiendo lo peor.
  • No quejarse nunca de nada ni de nadie.
  • Vencer la pereza.

Estos puntos tienen un sentido profundo: se llaman de la Visitación porque imitan el gesto de María, embarazada, que emprendió un largo viaje para visitar a su prima Santa Isabel. El padre Morales trasladaba ese comportamiento ejemplar de la Madre de Jesús al presente, con esos tres compromisos. Así se vivía con recia actitud la Campaña de la Visitación, por amor a la Virgen y para ser mejores cristianos en un mundo lleno de comodidades.

No se puede ser cristiano si no somos marianos.

Devoción a la Virgen de Fátima

Venerable Padre Tomás Morales rezando junto a la Virgen María

Tenía también una gran devoción a la Virgen de Fátima, a sus apariciones y a los mensajes dados a los pastorcillos en 1946. Como dijo Benedicto XVI:

La Virgen de Fátima es la Virgen de los tiempos difíciles.

Cuando uno está distraído, contrariado o preocupado durante la oración, María ayuda a orar. En esos tiempos difíciles pone en el corazón un camino de rosas. Lo imposible lo hace posible. Por eso decía el padre Tomás Morales:

La Inmaculada nunca falla.

Oración apostólica

El padre Morales oraba porque necesitaba, en esa oración, ser apóstol para llegar a los jóvenes y a los más necesitados. No existe oración cristiana que no sea apostólica. No se trata de orar para estar a gusto con Jesús y desentenderse de los demás.

El hermano Rafael, monje trapense, decía:

No os olvidéis que yo he venido a la Trapa para tener oración apostólica, para interceder por mis hermanos.

La oración de los contemplativos, que se inmolan por sus hermanos, es también apostólica. El padre Morales transmitía con su vida esta profunda dimensión. No existe calumnia más grande contra los contemplativos que afirmar que, al orar, se olvidan de los pobres, de los que sufren, de los enfermos.

Cuando vamos a la oración, huimos del ruido, pero llevamos dentro a toda la Iglesia y a toda la humanidad. Así, un cristiano dice siempre “nosotros”, incluso cuando dice “yo”.

La oración no es narcisismo, ni está cerrada herméticamente en el “qué a gusto estoy”. Es para estar con Jesús, porque nos importa todo lo humano. Todo lo humano es digno de ser vivido, porque Cristo también lo vivió.

Texto basado en la intervención del Arzobispo de Toledo, D. Francisco Cerro. El Padre Morales, maestro de oración – YouTube

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