Hoy celebramos la fiesta de San Matías, el apóstol elegido para ocupar el lugar que Judas dejó vacío. Su figura, aunque discreta en las Escrituras, nos regala dos enseñanzas fundamentales para nuestra vida cristiana.
Los tiempos de Dios son perfectos
Matías fue un discípulo fiel desde el principio, acompañando a Jesús desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión. Durante mucho tiempo, vio cómo otros eran elegidos para el grupo de los doce mientras él permanecía en un segundo plano. Sin embargo, no hubo en él queja ni amargura, sino una espera confiada:
Matías sabía que los tiempos de Dios son perfectos.
Esta misma confianza es la que sostuvo a los Mártires del siglo XX en España, vinculados a nuestra iglesia. Ellos, al igual que Matías, no buscaron el protagonismo del sacrificio, sino que fueron hallados fieles en el momento en que Dios los llamó a dar el testimonio supremo. Como decía Santa Teresita, Dios no inspira deseos que no vaya a realizar; y en Matías, el deseo de ser testigo íntimo de Jesús se cumplió cuando llegó su hora divina.
Somos las «plaquetas» del Cuerpo de Cristo
La segunda enseñanza es sobre nuestra vocación de reparación. Matías fue elegido para tapar el hueco oscuro que el pecado de Judas había dejado en la Iglesia. En cada época, el pecado y el escándalo abren grietas en la muralla de la fe. Nuestra misión no es juzgar ni irritarnos, sino correr a cerrar esa herida con nuestro amor y oración.
Esta es una imagen preciosa: somos las plaquetas de la Iglesia. Cuando el cuerpo sangra por una herida —ya sea en la Iglesia universal o en nuestra propia familia—, las plaquetas acuden a coagular y sanar. Nuestros mártires calatravos fueron precisamente esas plaquetas que, con su sangre y su perdón, taparon las grietas del odio y la persecución, reparando con su entrega el abandono de otros.
Un llamado a la acción hoy
No hay “tiempo libre” para un cristiano. San Matías nos enseña que debemos:
- Creer por los que no creen.
- Adorar por los que no adoran.
- Reparar los huecos de amor que existan en nuestras familias.
Al celebrar a San Matías en esta Iglesia de las Calatravas, miremos el ejemplo de nuestros mártires y pidamos la gracia de estar siempre donde Dios nos necesita, siendo fieles en lo pequeño para que, a su tiempo, Él realice en nosotros sus planes perfectos.
San Matías Apóstol y Mártires del siglo XX, rogad por nosotros.






