Jóvenes en campamento cristiano, formándose en la naturaleza con disciplina y fe.

Marchas y campamentos | Forja de hombres (P. Tomás Morales)

Este tercer fragmento forma parte de la obra «Forja de hombres», escrita por el Padre Tomás Morales Pérez, S.J. (fundador de los Institutos Seculares Cruzados de Santa María y Cruzadas de Santa María).

Las marchas y campamentos, con su mística de exigencia, tienen el marchamo inconfundible de algo nuevo, radicalmente distinto como sistema formativo de auténticos hombres, españoles y cristianos. Los Ejercicios Espirituales prolongan así su beneficioso influjo.

Educar es completar hombres por medio de la naturaleza.

Es un principio pedagógico del P. Manjón.

La pedagogía campamental se hace en el alma

En aquellos campamentos la naturaleza ha esculpido en cada asistente, por medio de contrastes, un hombre nuevo. Allí comprendí que la pedagogía campamental se hace en el alma:

  • Fortaleza y suavidad
  • Firmeza y ternura
  • Exigencia y comprensión
  • Iniciativa y docilidad
  • Responsabilidad y alegría
  • Improvisación y orden
  • Personalidad rica y servicio al bien común
  • Espíritu crítico, nunca criticista
  • Creatividad, aunque no siempre se sigan las sugerencias
  • Unidad constante, sin disgregación
  • Paciencia con todos, especialmente con uno mismo
  • Abnegación sin quejas ni murmuraciones
  • Entrega sin reservas y aceptación de lo que llega
  • Amor universal, desapego particular
  • Empobrecerse para enriquecer, enriquecerse dando
  • Sufrir sonriendo, alegrar al que llora
  • Reflexivos, no cavilosos
  • Constantes y tenaces, nunca tozudos
  • Inspirados y abiertos, sin sentimentalismo ni fantasías desbocadas

Y cerrando esta cadena, siempre abierta a nuevos eslabones: autoeducarse sin caer en la autosuficiencia.

San Juan Pablo II ha constatado personalmente el benéfico influjo de la naturaleza sobre el hombre. «Por esto deseo también a vosotros, jóvenes, que nuestro crecimiento ‘en edad y sabiduría’ (Lc 2,52) tenga lugar mediante el contacto con la naturaleza. ¡Buscad tiempo para ello! ¡No lo escatiméis! Aceptad también la fatiga y el esfuerzo que este contacto supone a veces, especialmente cuando deseamos alcanzar objetivos particularmente importantes. Esta fatiga es creativa, constituye a la vez el elemento de un sano descanso que es necesario, igual que el estudio y el trabajo».

La pedagogía campamental revierte en el hombre íntegramente. Se forma su cuerpo (deporte, gimnasia, baño) y especialmente sus valores espirituales (inculcándole una nueva forma de pensar —reflexión—, de querer —voluntad—, de amar —desarrollo armónico de la afectividad) sin olvidar los sobrenaturales, mediante celebraciones propias que estimulan su contacto con Dios Padre (oración, etc.).

TE PUEDE INTERESAR: CONCE MÁS AL VENERABLE TOMÁS MORALES

Formación de los valores humanos

La formación de los valores humanos absorbe la mayor parte del tiempo del educador. Desde el primer día una convicción está presente en el ánimo de todos en las reuniones de responsables: «Es más importante que el acampado salga conociendo su defecto dominante que viviendo en gracia de Dios».

¿Es esto negar la prioridad de la gracia? Por supuesto que no. Es reconocer que un joven que salga en gracia de Dios pero sin resortes humanos para mantenerse, no tardará en volver a caer. En cambio, quien haya forjado un carácter y tenga su voluntad presta para el servicio no tardará en retornar al Padre. Aquellas palabras, que a algunos podían parecer teoría, las he visto hechas vida en muchos jóvenes de uno y otro sexo.

La mística de exigencia opera dentro y fuera del campamento. Dentro, haciendo-hacer continuamente a los jefes de escuadra, que no paran un momento al día y comunican a sus escuadristas esta movilidad incesante. Ellos se responsabilizan de todo, pero haciendo-hacer a cada escuadrista, tanto en las marchas como en el campamento a lo largo de sus variadas actividades.

El jefe de escuadra, para conseguirlo, se reúne diariamente con sus escuadristas en familia. Allí les trasmite responsabilidades convirtiéndose él en un educador de educadores, un coordinador de jefes pertenecientes a una familia donde todos colaboran en el perfeccionamiento de todos.

En lugar de imponer ideas, unifica las que van surgiendo de sus muchachos. Tiene que hacerles pensar. Es lo que más les cuesta. Debe enseñarles a preocuparse de los demás hermanos. A eso no están acostumbrados por el egoísmo en que han vivido hasta entonces.

Se ayuda para ello de las ideas surgidas en la asamblea tenida al atardecer. Muchos no se atreven a opinar públicamente sobre las diversiones, el carácter, la vocación, la responsabilidad, la doctrina social, la posición del laico en el mundo.

Más en la intimidad, se abren y quizá se inicia un retorno hacia Dios.

Esta es la clave del éxito para los acampados

La clave del éxito está en que se les deja hablar, exponer ideas y luego, pacientemente, se les hace caer en la cuenta de los gravísimos inconvenientes individuales, familiares, sociales, que se derivan de una moral relajada en que se utiliza a la mujer como juguete o instrumento de placer.

TE PUEDE INTERESAR: ¿QUÉ ES LA MÍSTICA DE EXIGENCIA?

Y, sobre todo, de los inconvenientes de una postura pasiva en la Iglesia, al margen de las responsabilidades que como bautizados les incumben en el seno de un mundo materializado en que sólo el 15% son bautizados, pero de este porcentaje (800 millones de habitantes frente a 5.350 que tiene la tierra) muy pocos viven coherentemente su fe. Se les exige que piensen, que hablen.

Y la exigencia la lleva el jefe, con suavidad y constancia, durante todo el día y también en las marchas: silencio, disciplina, sacrificio por los demás, baño al final aunque la temperatura del agua no lo haga apetitoso.

Continúa la exigencia a la vuelta a casa

Fuera de la marcha, ya en la vida de Madrid, continúa la exigencia durante la semana. Deben estar en tensión: lucha contra la inmoralidad y el materialismo ambiente, reuniones periódicas, actividades deportivas vespertinas, estudio, etc. Y así hasta la próxima marcha, exigiendo obligatoriamente participar en todas para desterrar el aburguesamiento comodón de recurrir a la marcha del fin de semana cuando no hay otro plan más fácil.

Y como en la primera asamblea de la siguiente marcha, al atardecer del sábado, una vez montado el campamento, hay que dar cuenta de actuaciones y comportamientos semanales, esto sirve de estímulo para mantener el nivel de exigencia a lo largo de los siete días, y llegar al siguiente domingo mejor preparado para troquelarse más y con más alegría, consciente de que «la más sublime actividad del hombre: el trabajo sobre sí mismo, tiene como fin la formación de la propia humanidad»25.

Sin «fortaleza de alma», dice el Vaticano II, «no puede darse verdadera vida cristiana».

Sin ella, no podrán los laicos «asociar sin desmayo la profesión de Fe con la vida de Fe» para hacerse «valiosos pregoneros» del Evangelio. Ese temple conciliar de alma se forja en la exigencia y sólo con ella.

Scroll al inicio
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad