La Iglesia en España conserva la memoria de miles de hombres y mujeres que dieron su vida por Cristo durante la persecución religiosa del siglo XX. Entre ellos, once han sido proclamados santos: testigos de una fe vivida hasta el final y de un amor que no respondió a la violencia con odio.
La Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española recuerda que, junto a los miles de mártires ya beatificados o en proceso, once han alcanzado la canonización.
Los mártires de Turón
Nueve de estos santos están vinculados a Turón, en Asturias.
En octubre de 1934 fueron martirizados ocho Hermanos de las Escuelas Cristianas y el padre pasionista que se encontraba con ellos.
Son san Cirilo Bertrán, san Marciano José, san Victoriano Pío, san Julián Alfredo, san Benjamín Julián, san Augusto Andrés, san Aniceto Adolfo, san Benito de Jesús y san Inocencio de la Inmaculada.
Eran educadores y religiosos. Su vida estaba entregada a la formación de los jóvenes y a la oración. En medio de la persecución, no renunciaron a su fe ni ocultaron su condición de consagrados.
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San Juan Pablo II los canonizó el 21 de noviembre de 1999 y los presentó a toda la Iglesia como testigos de Cristo. Junto a ellos fue canonizado otro Hermano de las Escuelas Cristianas: san Jaime Hilario, martirizado en Tarragona en 1937.
San Pedro Poveda, mártir en Madrid
El undécimo santo mártir es san Pedro Poveda Castroverde. Sacerdote, fundador de la Institución Teresiana y gran impulsor de la educación, fue asesinado en Madrid el 28 de julio de 1936.
En el momento de su detención, se identificó con sencillez: «Soy sacerdote de Cristo». Su fidelidad hasta la muerte fue reconocida por la Iglesia al ser canonizado el 4 de mayo de 2003.
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La vida de san Pedro Poveda recuerda que la fe no se limita al templo. Se encarna también en la educación, en el trabajo, en la cultura y en el servicio a los demás.
Una memoria que ilumina el presente
Los mártires no son personajes de un pasado lejano. Son hermanos nuestros en la fe. Sus vidas nos enseñan a permanecer junto a Cristo en las decisiones pequeñas de cada día, a vivir sin miedo y a responder con perdón.
La Iglesia de las Calatravas quiere custodiar y dar a conocer esta memoria. Como centro martirial en Madrid, invita a acercarse a estos testigos, pedir su intercesión y descubrir que la santidad es posible en toda vocación y en toda circunstancia.
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