Cuadro de Rubens que representa a Adán y Eva en el momento de la tentación y el pecado original en el Jardín del Edén.

¿Cómo reaccionamos ante el pecado?

Ante el pecado hay tres reacciones posibles. La teología moral nos enseña que hay tres formas típicas de reaccionar frente al pecado.

1. La desesperación

La primera es una de ellas al menos, la desesperación. Y es bueno decirlo porque porque aunque quizá no lo parezca, también lo parece. Hay muchas personas que se desesperan porque no vencen el pecado en ellos. La desesperación.

La persona que considera que lo que está haciendo es malo, pero no ve la forma de salir de ahí y se hunden la culpa, la tristeza y la autodestrucción, ese no es el verdadero camino cristiano. Y hay muchos jóvenes y no solamente jóvenes, que no encuentran sentido a su situación y entonces a veces piensa que la única solución es la autodestrucción. Por eso, están aumentando tantas veces y en tanta medida está aumentando los suicidios. Qué terrible. Que no encontremos la salida a nuestras debilidades y nuestros males.

2. El cinismo

Un segunda reacción contra el pecado es el cinismo. Es peor todavía que el anterior. El cinismo como respuesta al pecado. Es decir, la persona se reconoce, se reconoce la acción. La persona reconoce la acción, pero se niega que esa acción sea incorrecta o incluso perversa. Cuando se toma este camino, la persona convierte su pecado en motivo de orgullo.

Esto se ve algo ahora y a veces mucho, cuando a veces incluso de una manera un poco forzada se sale por los medios de comunicación y se presumen personas que han abortado o que o que han contribuido al mal y saben como que no ha pasado nada. Por dentro uno se estremece cuando escucha esto, pero cómo no te puede doler una cosa así. Estamos hablando para la galería. tiene algo de cinismo.

A veces se presumen de pecados, pecados que hieren, pecados que son graves y sin embargo se puede dar la impresión o la apariencia de que no ha ocurrido nada. Es una mala salida al pecado.

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3. La conversión

Y una tercera forma es propiamente la cristiana, la que Jesús nos propone es la conversión. Con ella reconocemos que hay pecado en el mundo y en nosotros, así como nuestra propia debilidad para salir de la práctica del pecado. Y entonces tomamos el rumbo de la conversión. No es una actitud de simple acusación para hundir y destruir al pecador. Aunque tampoco es una actitud de aplauso y aprobación del pecado.

La Iglesia debe siempre, desde el respeto y la comprensión a la debilidad humana, llamar a la conversión a través de la acción de la gracia divina y de la humildad. y la sinceridad nuestras, como lo hicieron nuestros nuestro Señor Jesucristo y los apóstoles cuando Jesús se encontró con la mujer pecadora, ¿qué fue lo que hizo después de que los otros la acusaron y se fueron?

Jesús cara a cara con ella le dice, “Nadie te ha condenado, mujer. Yo tampoco te condeno, pero no peques más.” Eso es convertirse.

La conversión, por tanto, hacia Dios es fuente de gracia, de consuelo, de paz, porque Dios cura los pecados si te vuelves a él. Da la vuelta de la dirección que llevabas y enfócate hacia Dios. Por eso la conversión dice, dijo Juan Pablo II en una ocasión, es la primera palabra del evangelio, es la palabra central, es la palabra definitiva.

Continuamente tenemos que estar convirtiéndonos a Dios y en eso está nuestra salvación ante el pecado. Por tanto, no disimulemos, no llamemos bien a lo que es mal, no nos engaemos a nosotros mismos, pero tampoco nos desesperemos. Nuestro pecado, por grande que sea, tiene solución, porque Dios nos ha perdonado todo y ha pagado por nosotros y tiene gracia para perdonar todos los pecados del mundo que son terribles. Esta es nuestra gran esperanza.


La necesidad de la vigilancia

Dicho todo esto, podemos también considerar en un último punto, la necesidad de la vigilancia. vigilancia. La atención interior, la vigilancia del corazón o la sobriedad espiritual es el ejercicio por el que los hombres espirituales tratan de evitar los malos pensamientos, las tentaciones. Es decir, evitar en cuanto haya una insidia del demonio, cortar enseguida. Cortar enseguida cuando viene la sugestión es mejor no dejar que proceda que progrese el proceso de la tentación cuanto antes, cuanto antes.

Ser en esto determinados y determinantes. Así como el éxito de un maestro es ganar la atención de los niños, igualmente la oración elevada en la mente, elevación de la mente a Dios es impensable sin la atención. Vigilad, estad firmes en la fe, dice San Pablo.

Podemos decir que es imprescindible poner un guardia que vigile la puerta del corazón, un buen portero, o un centinela experto que vigile el pensamiento que viene y le y le pregunte, “¿Eres de los nuestros o del enemigo?” Y ser del enemigo fuera de aquí. Que no entre en mi corazón y en mi mente nada que esté tentándome enemigos de contrabando.

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Nuestra mente tiene que estar abierta. Como el estómago, no debe entrar en él ningún alimento malo o caducado. En tu mente tampoco tienen que entrar malos pensamientos o malas imágenes. Es evidente, es más importante la mente y el alma que que el estómago. Aunque propiamente en los primeros estadios de la tentación no se peca, como hemos dicho, al menos sí se pierde mucho tiempo y energía espiritual.

Por eso feliz el hombre que consigue vencer los malos pensamientos desde la primera sugestión.

El ejemplo de Jesús y Evagrio Póntico

Jesús nos da en esto ejemplo. Él mismo tuvo tentaciones. Lo sabemos, lo dice el evangelio. Por eso nos enseña y nos ayuda. Es cierto que en él la tentación no provenía de dentro, porque no tenía concupiscencia e inclinación al mal, sino de fuera, del demonio y del mundo. Pero llegada a la sugestión, evitó inmediatamente el diálogo y lo hizo sirviéndose de la palabra de Dios.

Dio una respuesta inmediata de rechazo a lo que Satanás le proponía. Esta reacción rápida, esta contradicción radical al es capital hacerlo.

Evagrio Póntico fue un monje y una asceta del siglo IV. Fue el que enumeró los pecados capitales catalogándolos como los malos pensamientos. Estos hombres de Dios que han experimentado en su propia experiencia, claro, la acción del mal y la acción de la gracia y han tenido la luz suficiente para ayudarnos a otros.

Este fue uno de los primeros que catalogó las sugestiones como pensamientos que nos vienen malos y por eso fue el que inició o sistematizó los malos pensamientos, es decir, los pecados capitales. Observando las respuestas de Jesús a las tentaciones del sirviéndose de la Sagrada Escritura, o sea, Jesús respondía al al demonio, su tentación solamente diciéndole frases de la Sagrada Escritura.

Por eso le dijo Jesús, no solo de pan vive el hombre, citando al Deuteronomio, no tentarás al Señor tu Dios. Adorarás al Señor tu Dios y solo a él le darás culto. Esto era lo que Jesús decía solamente a la tentación. Respondía con la palabra de Dios.

Entonces, Evagrio Póntico se inspira en esta actitud del maestro, pero se da cuenta de que las tentaciones posibles son muchas, muchas más que estas tres que tuvo Jesús. Por eso elige entre los muchísimos pensamientos de la escritura los más aptos para responder con ellos a los malos pensamientos y los ordena según ocho categorías.

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Esas categorías son estas, la gula, pensamientos de gula, de lujuria, de avaricia, de tristeza, de ira, de pereza y de soberbia. Los monjes aprendían muchas veces frases de la Sagrada Escritura múltiples para responder según la sugestión que viniese en la materia concreta. Se dice que llegaban a saberse de memoria la Sagrada Escritura, es decir, eran expertos directores espirituales.

Cuando algún discípulo le contaba su tentación, el padre espiritual se se le indicaba el texto bíblico más adecuado para combatirla. Pero claro, esto era difícil, era muy amplio.

Por tanto, no nos libraremos de las tentaciones del demonio, pero hay cierta grandeza en luchar contra ella y vencer.Que recurramos siempre a la santísima Virgen. Ella es la maestra, la inmaculada, la que siempre nos favorecerá la vida de la gracia y la victoria sobre las insidias del mal. A ella nos encomendamos y con ella seguimos ahora el rato de adoración.

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