Por la Señal
De la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial para todos los días
Poderosísima y buenísima Madre mía, Se acerca el día de tu Concepción Inmaculada. Quiero pedirte un milagro, uno de esos que tanto te gusta realizar.
Deseo ardientemente, Madre querida, entrar en el camino de la santidad. ¡Condúceme tú! Quiero hacerme humilde y pequeño en brazos de Dios, consciente de mi debilidad, confiado hasta la audacia en su bondad de Padre.
Enséñame a conservar el corazón desprendido de cosas y afectos de la tierra; a vivir en perfecto olvido de mí mismo. Dame, Madre, la santidad ambiciosa que te pido, sencilla y alegre como la tuya, santidad contagiosa que arrastre hacia ti nuevos hijos en alegría desbordante.
Enséñame a cumplir, con tu dulce Nombre siempre en el corazón, mis humildes obligaciones de cada día; a aceptar sonriendo sufrimientos pequeños o grandes, pasajeros o persistentes, por amor a ese Dios que me ama con exceso.
Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha de pecado. Así quieres también a tus hijos: santos e inmaculados en Cristo Jesús, para alabanza del Padre de los cielos.
Haznos santos, todo, solo, siempre de Dios. Arráncanos de la tierra y arrástranos al cielo. Así sea.
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Meditación para cada día: Jesús en brazos de la Virgen Madre
La Virgen nos muestra a Jesús en sus brazos maternales… Repite silenciosa: Mírale, ha aparecido la gracia salvadora de nuestro Dios a todos los hombres…
Acércate, quiero ponerlo en tus brazos, tómalo, ha nacido para ti… ¿Temes acercarte a Jesús, tu Hermano, tu carne?… Mírale, ha experimentado todas tus miserias, menos el pecado… Así se hace misericordioso, perdona y olvida…
Sí, tómalo en tus manos… Contempla detenidamente Su faz… Bésalo con reverencia… Gózate confiado en Él. Puedes hacerlo, pues vino para salvación de pecadores.
Devuélveselo ya a su Madre. Contempla a María si puedes… Mira con cuánta diligencia y amor lo alimenta y trata… Fíjate, sin cansarte, en la faz de ese Niño que desean contemplar los ángeles…
La salvación del mundo, Jesús, en brazos de la Virgen. Y María, aureolada con doble y preciosa corona. Virginidad más pura, la Maternidad más fecunda. Paradoja humana, milagro divino…
Virginidad y maternidad parecen términos antitéticos, irreconciliables, pero Dios todo lo puede. De la Mujer más pura que jamás ha existido, hará la Madre más fecunda…
A más pureza, a más virginidad en el alma del creyente, mayor fecundidad apostólica. Engendrará a la Vida Divina millones de almas.
En los brazos de la Mujer más pura y de la Madre más tierna que ha habido jamás, se nos regala la salvación del mundo: Jesucristo.
Un bautizado laico se extasiaba al saborear la oración de este día, y confesaba: “Qué cuadro tan maravilloso el de Jesús Dios hecho un Niño en brazos de una mujer, ¡María! Padre, siento no poderle expresar lo que mi alma experimenta. Para mí significa tanto el pensar que Dios se haga Niño para mí… Si Dios no dudó en hacerse Niño para mí en brazos de María ¿por qué no hacerme también yo niño para Él en brazos de la Virgen? Perdone, Padre, que no siga hablando, pero la emoción que me embarga no me permite hacerlo, no puedo”.
Oración final
Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres. Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida por Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción.
A Ti, purísima Madre, venimos confiados y suplicantes en esta novena, para rogarte que nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.
Acuérdate, Virgen Santísima, que jamás se ha oído decir que ni uno solo de cuantos han acudido a tu protección, implorado tu socorro, haya sido desamparado de Ti. No me dejes, pues, a mí tampoco, porque si me dejas me perderé; que yo tampoco quiero dejarte a Ti, antes bien, cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción.
Alcánzame principalmente estas tres gracias que te pido:
- La primera, no cometer jamás un pecado mortal.
- La segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana.
- La tercera, una buena muerte.
Dame, además, la gracia particular que te pido en esta novena (este momento de silencio hacemos esa petición especial a la Virgen que deseamos obtener).
Ave María
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.






