Imagen de Nuestra Señora de la O de Sevilla vestida de hebrea o de gala para su festividad.

Nuestra Señora de la Esperanza: La Virgen de la “O”

Queridos hermanos, 18 de diciembre, la iglesia celebra a Nuestra Señora de la O o la Virgen de la esperanza. Virgen de la O, el nombre viene pues obviamente de estos días previos al nacimiento del señor. Del 17 de diciembre hasta 23 de diciembre, junto con el cántico del magníficat, se reza una antífona de la O; se llama así precisamente por la exclamación inicial de cada una de las antífonas.

Las antífonas del 17 al 23 de diciembre todas ellas forman las letras iniciales, forman un acróstico que leídas en orden inverso, de la última a la primera, forman el acróstico Ero Cras que significa “estaré aquí mañana”. 18 de diciembre se celebra a la Virgen de la esperanza, pues como la virgen que espera a ella más que nadie y nosotros con ella el nacimiento de ese señor que estará aquí dentro de muy poco.

¡Oh Adonai!

El texto de la antífona para para este día es: Oh Adonai, pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.

Podemos rezar quizá hoy con esta antífona junto a la Virgen de la esperanza pidiéndole sus mismos sentimientos, sus mismas disposiciones, su mismo corazón, su misma mente. Primero, “Oh Adonai”. Adonai significa mi señor, lo cual es un tratamiento del señor que reconoce su soberanía pero por otra parte también reconoce la cercanía que ha tenido con nosotros, que se va a hacer uno de nosotros y por eso le podemos decir mi señor.

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El Señor es nuestro Pastor

“Oh Adonai, pastor de la casa de Israel”. Qué bonito que el señor sea nuestro pastor. El señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar. Ciertamente que en nuestra vida pasamos a veces por momentos pues muy difíciles.

Les pido una oración especialmente por una mujer se llama María, perdió a su marido pues hace unos pocos años y acaba de perder a su hijo mayor. Pues en momentos de incertidumbre como este que está pasando esta mujer, por la cual pido que recen, los cuales pues son cañadas oscuras difíciles de atravesar, el señor está con nosotros, no nos abandona, está a nuestro lado, es nuestro pastor. Oh Adonai, pastor de la casa de Israel, pastor de la iglesia, el nuevo pueblo de Israel.

La ley como pedagogía

Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente. El señor es aquel que desde el principio ha estado a nuestro lado; ha estado primero acompañando al pueblo de Israel y luego acompañando a la iglesia y a cada uno de nosotros. Se apareció ya entonces para revelarnos que cuando estamos esclavos, como estaba el pueblo de Israel, el señor está con nosotros.

El señor nunca nos abandona y nos da una ley. En el Sinaí le diste tu ley, y sigue diciendo la antífona: el señor se aparece para confortarnos y también para indicarnos el camino.

Él es el que sabe cómo tenemos que utilizar la humanidad que el señor nos ha regalado en la creación.

Por eso la ley, pues es como decía San Juan Crisóstomo, ese pedagogo, ese maestro que nos enseña cuando somos pequeños a interiorizar lo que el señor quiere para nosotros, porque es nuestro bien. De tal manera que cuando llegue la gracia seamos capaces de obrar el bien porque lo hemos interiorizado, no ya porque tengamos que seguir la ley sino porque la ley se ha convertido en virtud y la gracia la fortifica.

Oh Adonai, pastor de la casa de Israel, que apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo. Ese brazo que tantas veces en tantos salmos se elogia, dando a entender que la fuerza del señor, el poder del brazo del señor, es más fuerte que cualquier enemigo, que cualquier mal, que la muerte, que ciertamente a veces hace que el camino sea oscuro y difícil.

Ven a librarnos. Podemos rezar en este día con esta antífona pidiendo a este señor que está cercano, que se ha parecido a nosotros, que nos ha dado una ley para llegar al cielo, que nos pastorea, que venga a librarnos con el poder de su brazo. Se lo pedimos especialmente a la Virgen de la esperanza, que ella nos regale esta virtud tan indispensable para nuestros días como es la esperanza.

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