Bendecir a Dios si nos da o si no nos da

La Iglesia nos invita a vivir la oración con un corazón abierto, confiado y profundamente entregado a la voluntad de Dios. En esta reflexión —“Bendecir a Dios si nos da o si no nos da”— se nos recuerda el valor de la perseverancia, la humildad y la esperanza, especialmente en la oración de súplica. Una enseñanza esencial en un tiempo en el que tantos vivimos inquietudes, búsquedas y peticiones que depositamos ante el Señor.

Preparamos el corazón para la oración del día de mañana, tomando el pasaje del evangelio que nos propone la Iglesia en su liturgia. Lucas 18 versículos 1 al 8. el episodio, el pasaje de aquella viuda que insiste a un juez injusto, “Hazme justicia contra mi adversario.”

Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo, “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando”. Jesús contestó, “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a él día y noche y que los hará esperar?” Yo les digo que les hará justicia sin tardar, pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?

Esta esta parábola de Jesús nos invita a considerar, a reflexionar acerca de cómo es nuestra oración en la petición.

¿Con qué estilo pedimos a Dios, con qué corazón y con qué esperanza pedimos hacemos nuestra oración de petición? ¿Qué pedimos y cómo pedimos?

Parece ser que el Señor eh se queja o más bien no reclama la falta de fe para pedir. ¿Acaso encontrará el Hijo del Hombre fe sobre la tierra? Dando a entender que el que pide con fe entonces encuentra. El que busca encuentra. Al que llama se le abre. El que pide recibe. Teniendo en cuenta también, como dice San Agustín, que Dios tiene más ganas de dar que tú de recibir.

Él no es como eh como este juez de la parábola. El ejemplo es bueno, pero dista mucho de cómo es el corazón de Dios. Dios no nos da eh porque somos pesados, impertinentes, inoportunos. Dios no nos da porque se cansa de nuestra insistencia. Dios tiene más ganas de dar que tú de recibir, dice San Agustín. Dios tiene más ganas de darte su misericordia que tú de recibir la misericordia, más bien está esperando a que vengamos y se lo pidamos.

El error consiste en que no tenemos esa fe, en que no acudimos con esa fe a la oración, en que no pedimos con un corazón bien dispuesto, sino más bien que nos rendimos.

Tres modos en los que Dios responde a nuestra oración

1. Cuando Dios concede lo que pedimos

Pero consideramos estas tres posibilidades. Cuando pedimos a Dios, puede ser que si nos conceda lo que le pedimos, en segundo lugar puede ser que nos haga esperar o en tercer lugar puede ser que no nos conceda lo que le estamos pidiendo.

En primer lugar, que Dios te conceda todo lo que pides. Dice el salmo 20, que Dios te conceda todo lo que le pides.

Y el salmo 36 dice, “Sea el Señor tu delicia y él te dará todo lo que pide tu corazón”.

Claro, el día en el que el Señor sea nuestra delicia, entonces él nos dará lo que pide nuestro corazón. ¿Cómo tenemos que pedir para alcanzar?

Sabemos una oración llena de perseverancia, con insistencia, que no decaiga nuestra fe. Como aquella mujer cirofenicia, recordamos que ante los tres rechazos de Jesús no se rindió, perseveró en su fe, perseveró en su petición y al final alcanzó del corazón de Cristo lo que tanto necesitaba. aún la aparente eh distancia o el rechazo de Jesús.

Buscar el lado más vulnerable de Dios, el más sensible, que es buscar la misericordia, presentar nuestras miserias para ser eh tocados por la misericordia, para atraer la misericordia. Muestra la herida y eso moverá a compasión a Jesús. Grita desde tu necesidad y ten confianza, Jesús, en ti confío.

2. Cuando Dios nos hace esperar

En segundo lugar, puede ser que Dios nos haga esperar. Si hace esperar y si no atiende rápidamente tu petición, dice San Agustín que es porque está haciendo crecer nuestro deseo. El deseo, dice San Agustín, es como la boca, la apertura del costal, del saco, de la bolsa. Cuanto más crece nuestro deseo, es decir, con la dilación de Dios cuando nos hace esperar, entonces se aumenta el deseo, se aumenta la boca de la bolsa, se aumenta la apertura del recipiente para que Dios lo haga más grande.

Así se hace más grande y así tiene más capacidad. Por eso, si Dios te está haciendo esperar en tu petición, ten en cuenta que te está simplemente agrandando el corazón para poder derramar cosas más grandes de las que estás pidiendo. También es verdad que el tiempo nos prepara. El tiempo y esa espera nos hace ganar en humildad, nos purifica, nos hace valorar lo que Dios nos da, porque si rápido nos lo conceden, poco lo valoramos.

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Hay que tener en cuenta que no es inmediato Dios para cumplir sus milagros y sus promesas, aunque nos las eh nos las presenta y nos las concede, pero no hay ningún problema en saber que Dios tiene también eh trabaja con el factor del tiempo, no es inmediato e en nuestras cosas. Recordemos la parábola o más bien el pasaje de los de los días leprosos. fueron curados, pero no al instante.

Fueron curados en el camino mientras iban de camino. Con esta esperanza, no nos pongamos nerviosos si Dios nos hace esperar. No te pongas nerviosos si Dios te está haciendo esperar en tu petición.

3. Cuando Dios no concede lo que pedimos

Y por último, el tercer caso es que Dios no te conceda lo que le estás pidiendo. Estás quizá desde años pidiendo algo al Señor y sientes que no te lo está concediendo y tienes la previsión o la intuición de que no te lo va a conceder. No pasa nada. Puede que no veas tus peticiones eh concedidas. Puede que ciertas promesas no las veas cumplidas. Puede que tu oración quede como no escuchada, aparentemente no escuchada. No te preocupes, Dios se manifestará plenamente en la eternidad.

No tiene por qué el Señor actuar plenamente aquí en esta tierra. Muchos se apartan de Dios porque sienten que sus promesas no se cumplieron en su vida o que sus peticiones no fueron atendidas. Bueno, es que Dios no tiene por qué atenderlo todo aquí. Dios no tiene por qué mostrarse como el dador en esta vida. Más bien se reserva esa plenitud en la eternidad. Ahí sí, ahí sí Dios no nos defraudará.

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Todas las peticiones que no hayan sido escuchadas aquí después de ser purificadas serán atendidas, colmadas, plenificadas en la eternidad. No quieras, no pretendas verlo todo aquí. A Santa Bernardita, por ejemplo, la Virgen le dijo, “No prometo hacerte feliz en la tierra, pero sí prometo hacerte feliz en el cielo.” Bueno, pues quizá tú y yo también tenemos que vivir en esa fe y en esa esperanza.

Cuando sentimos que Dios no nos concede, al menos no tan rápido o de plano, no nos lo va a conceder. No hay que alarmarse, simplemente saber que Dios está reservando para hacerte feliz en el cielo, quizá no aquí en la tierra.

Por eso, eh, bendigamos al Señor tanto si nos da como si no nos da. Bendigamos al Señor tanto si nos concede rápidamente lo que pedimos como si nos hace esperar. Sepamos abandonarnos a su voluntad. Tengamos confianza en su corazón misericordioso que sabe lo que necesitamos y lo que realmente conviene a nuestra alma. Tú sabes lo que necesitas, Dios sabe lo que te conviene. Que la Virgen nos haga orar con perseverancia y con esperanza.

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